La libertad está en los lomos de los gatos

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Peinar estrellas con la mirada lánguida.

Flotar encima de la luna y que un camión aparte de un bocinazo

los anhelos que no se atrevieron a cruzar al otro lado de la calzada.

Suspirar entornando los párpados del viento

y atragantarse con una espina de la noche.

Toser deseos, escupir realidades.

La vida es un cojín enmohecido de esperas.

Tus ojos son hermosos y distantes, como un altar inútil,

pero es la única belleza que describe el espejo.

El calor del invierno descompone los restos de un firmamento

que se volcaba sobre tus labios. Y tú. Tú solo sueñas con soñar

e invocas oraciones extinguidas para ahuyentar los gritos de lobo del insomnio.

Tú solo sueñas con volar.

Esperando. Es así como descubriste que hoy ya la libertad se pierde

en los lomos estilizados de los gatos. Se estiran dulcemente,

sin romperse, con su sonrisa etrusca

colgando de los límites de una mitología antigua y polvorienta.

Te miran desde las profundidades de tronos invisibles

donde incluso las luces más pequeñas, las que nadie conoce,

se han dormido. Chirrían las bisagras de la noche; ellos maúllan despacio,

y antes de que se cierre para siempre el portal del ensueño,

piensas que solo desearías alunizar en sus pupilas.

La Europa que quiero

Grecia-AP-Petros-Giannakouris

 

No es la Europa que quiero
si Lesbos cierra abrupta las fronteras
y un pacto migratorio nos condena
a inflamar de lágrimas tantos faros
perdidos en añoranzas de niebla.
 
No quiero una Europa sucia,
esperpento cadáver de ideales,
terreno fértil para nuestro miedo
donde el mar es cementerio de luces.
 
No insultes, maldita Europa,
a nuestra inteligencia. Es la guerra,
es el hambre, son las enfermedades,
las malas decisiones de tantos y
tantos inmundos, ruines gobernantes,
los motivos para expulsar los brillos
de mentes nítidas como las nuestras
a vagar como ascuas en el barro,
en mitad de una nada insegura.
 
Europa es menos Europa,
parecida a una historia reciente
donde los amigos son enemigos
y dejamos que vivan hacinados
en campos vacíos de refugiados,
vacíos de esperanza, de conciencia,
y los llenamos de niños, mujeres,
de hombres, todos tan presos, maldecidos
en la desgracia de los barracones.
 
Mientras la Europa que quiero expira,
nuestros corazones están cerrados.
 
Esta no es la Europa que quiero,
esta Europa de fronteras y bordes,
una Europa, sucia Europa,
donde mueren coartadas libertades
y nosotros, europeos, dormimos,
esperando a que el odio nos ataque
como un enjambre, como un silencio,
como esta marea que nos arrastra
a olvidar que somos seres humanos
unidos para construir un sueño
de una Europa libre para actuar.

Los lobos de Manuel Machado

JUAN JOSÉ GONZÁLEZ VEGA | WIKIMEDIA COMMONS
JUAN JOSÉ GONZÁLEZ VEGA | WIKIMEDIA COMMONS

A raíz de la manifestación que ha tenido lugar hoy en el centro de la capital, he recordado esta potente poesía de Manuel Machado en la que el lobo es la imagen vertebradora del poema. La idea generalizada que se ha llegado a tener en España de los lobos es que son bestias que matan el ganado, que dañan nuestros intereses ganaderos. ¿Es eso cierto o nos olvidamos de algo más? En realidad tendemos a asociar esta especie con valores como el honor, el esfuerzo o el cuidado del resto de miembros del grupo, sin olvidar cualidades como la fortaleza y el trabajo en equipo.

Orfeo

Orfeo et Euridice

 

Yo siempre había creído que…

Hace más de tres años, más de nueve estaciones que te fuiste.

Nunca mires atrás,

me susurraban. Pero qué pretendían.

Hace más de tres años que te alejé de mis febriles pensamientos.

Nunca mires atrás.

Y de qué serviría.

Nadie dijo que yo lo deseara, mirar atrás.

Qué más da si te fuiste; si yo tampoco pensé nunca

en volver a llevarte dentro del corazón.

Camina siempre con firmeza y siempre hacia delante;

no te detengas.

Nadie quiere vivir por siempre en los infiernos,

y solo caminando hacia delante…

No te detengas.

Imposible; lo hice.

Me detuve despacio, inspirando, sin prisa,

y volví la cabeza dentro de mis cansados sentimientos.

Y al volverme, ahí estabas: buceando en mi sangre sin remedio

desde la oscuridad de tus pequeños ojos negros.

Entonces recordé que en las profundidades de mi triste,

de mi terrible subconsciente, no dejé de soñar

con traerte de vuelta a mis sueños.

Que fui a buscarte al mundo de los amores muertos.

Nunca mires atrás.

Pero ya era demasiado tarde.

Y eso que yo siempre había creído que te fuiste.

Yo siempre había creído que…

Goto, 47

Kenji Goto
Kenji Goto

 

Hace casi un año el periodista japonés Kenji Goto fue asesinado a manos del Daesh.

Nació en Sendai, Japón, en 1967, y murió decapitado en un lugar desconocido de Siria el 31 de enero de 2015. Su trabajo era su vocación. Cubrió conflictos en diversos países de África y Asia dando a conocer el sufrimiento de los inocentes, especialmente de los niños y niñas que viven la desolación de las guerras. Su labor humanitaria convierte a Kenji Goto en un símbolo de quienes dan su vida por los demás hasta las últimas consecuencias.

La noticia de su asesinato me impactó de forma diferente. No fue la primera víctima y, desde luego, tampoco ha sido la última. Pero aquel día, según pasaron las horas, fuimos sabiendo más acerca de un ser humano que despertaba el afecto de todos. Cada detalle nuevo nos hacía estimarlo más aún. Destacaba su cercanía al pueblo sirio, su carisma entregándose a los demás y una voz única para contar su visión propia sobre los terribles hechos de una guerra aún viva. Pudimos comprender mejor su forma de pensar cuando leímos este tweet publicado por el periodista en su cuenta de Twitter el 7 de septiembre de 2010. Así rezaba su mensaje:

“Cierro mis ojos y espero. Si grito o enloquezco será el fin. Se parece a una oración. El odio no es para los humanos. El juicio le corresponde a Dios. Es lo que he aprendido de mis hermanos y hermanas árabes” – Kenji Goto.

El impacto que causó esta muerte en mí me hizo escribir la siguiente poesía que comienzo con las propias palabras del periodista.

 

Goto, 47

目を閉じて、じっと我慢。怒ったら、怒鳴ったら、終わり。それは祈りに近い。憎むは人の業にあらず、裁きは神の領域。-そう教えてくれたのはアラブの兄弟たちだった。- Kenji Goto

Una luz sensible se marcha
testigo del desierto de sangre
en que caminan sus captores.

Un hombre bueno es
reflejo de sonrisas infantiles
grabadas entre la oscura
barbarie de las creencias
cercenadas por los cuchillos.

Un hermano bueno pierde
su sonrisa, su pelo de samurái,
combatiendo el silencio
de los viles perros ciegos
a la carrera del odio.

Un hijo bueno, un padre
amable, asume el seppuku
con cuarenta loas altivas
del tantō afilado de los captores
que elogian la valentía de Kenji;
sus ideales ruedan siete veces
en apología de su honor.

Cuando un hombre bueno muera,
cerrad sus párpados y guardad silencio.
No dejéis que el miedo ni la ira
surjan como premio a la necedad.
Sed cántico divino, sed voz en plegaria
astuta, calmada, como la paz de sus ojos
rasgados, para quien la muerte vino
de mano de sus hermanos.

Hoy

Hoy

 

Hoy no he escuchado la canción aquella

que hablaba de una niña de ojos imposibles,

ni al lamento infinito del viento

agitar su envolvente cabellera de siglos

por las esquinas más remotas del invierno.

Hoy solo miro las estrellas que la niebla cubría

desde aquel pálido noviembre de ya no sé qué año,

esas estrellas huidizas con las que mi imaginación

jugó a formar un ramo para arrojarlo al mar.

Llovía entonces.

Y hoy refulgen tan vivas por detrás de la niebla

que se pierde al calor que emana de los besos apenas entrevistos,

y se reflejan en mis ojos si otros ojos los miran.

Hoy se ha quedado tan sola aquella soledad.