Julia Caesar

Heart(h) Song – Parte 2

Girl by Julia Caesar

—¿Tienes Twitter?—preguntó ella.

—No. Prefiero los pájaros de verdad.

—¿Facebook?

—No. Prefiero las caras de verdad.

—¿Instagram?

Aquel tipo sacudió la cabeza.

—No me gustan los filtros.

—Entonces me voy, que no quiero molestarte.

Un paso, y otro paso, y otro paso en dirección a sus amigas, pasos posteriores a un giro de cabeza que le movió todo el pelo. Tenía buen culo aunque pocas caderas.

—No me molestas. Es sólo que la vida moderna me interesa poco.

Podría invitarla a tomar un café, o al recital de poesía al que acudiría aquella noche a escuchar a sus amigos del círculo de escritores, o al concierto que tenía la semana siguiente, pero no le gustaba hacerse publicidad. Por eso siempre tocaba bajito.

Aquella chica se dio la vuelta una vez más, parando un instante, y en su sonrisa educada aquel tipo vio que la chica no comprendía nada.

—Vete al campo, entonces.

Al no responderle, aquel tipo le concedió la victoria. Me iría al campo, pensó, si fuera mejor que la ciudad. Pero sólo los árboles son mejores que los edificios, sólo los bosques son más interesantes que las junglas de cristal y la música es una de los millones de cosas mejores que las redes sociales.

This is me falling apart
this is me shredded to pieces
this is who I am becoming,
this is me, singing to trees
this is me, looking at birds
this is me, extricated from your absurd reality
of mores and rules and blind fireworks
not looking at screens
not looking at you
because there is nothing to see.
Singing on branches,
falling to pieces,
flinging the ashes
of the bygone times and timely byproducts
of this post-industrial society.

Se me ha ido la pinza con la letra, pensó aquel tipo mientras se sacaba la libreta del pecho y anotaba las notas con que aquella melodía le había arañado los silbidos, melodía que tocar en dos acordes de los que sólo el dedo corazón se movía, un, dos, tres cuatro, un dos tres y vuelta a empezar, cambiando el ritmo con la mano derecha y las notas con la izquierda, como se toca la guitarra.

Sólo cuando terminó de apuntar se dio cuenta de que las chicas seguían mirándole, allí, debajo del árbol, y posiblemente pensaran que estaba escribiendo sobre ellas. Así es la femineidad moderna, pensó, despechada y ombliguista. Así es todo hoy en día.

Y allí se quedó un rato, aquel tipo, esperando a que de nuevo apareciera un verderón, o un jilguero, que canturreara en las ramas de un árbol, aunque lo que de verdad aquel tipo quería ver cantando en la rama de un árbol era un cuervo negro y obscenamente grande, cantando con la voz grave de los cuervos, voz que se asociaba a la muerte y al mal agüero pero que a él, por su simple ausencia, siempre se le había antojado dulce y misteriosa, negra como sus plumas, negra como su sombra, negra como la guitarra que llevaba al hombro, canción de cuervos que acoplar a su guitarra y cantar con su voz de cuervo, grave, lenta, bajita, lejos del optimismo que se esperaba de un guitarrista en medio de un parque, lejos del optimismo veraniego de los anuncios de cerveza, lejos de todo lo que no fueran dedos, que no fueran cuerdas, que no fueran pájaros deshilachándose en canción.

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Agile and somewhat pompous human by nature and writer by choice. Making a living in Spain, trying not to be overcome by the swaying of the moon and the turning of the wheel venting off the gathered steam. WInner of no prizes, mentioned by a total of zero reviewers, I try to participate in as many literary, musical and pictoric projects as I can. That's exactly why I never finish anything. Things should always strive for eternity: after all, what shall last one, will take one to make.