La Estrella Incólume – Parte III

Milky_Way

 

Viene de: La Estrella Incólume – Parte II.

 

—A ver. Hijo. Cuando me quedé embarazada tu padre y yo estábamos pasando por una etapa muy dura. Apenas le daban trabajo en la empresa y yo estaba parada, y encima embarazada, así que el dinero era escaso. Y cuando nos enteramos de que lo que venían eran gemelos, se nos cayó el mundo encima. Apenas si podríamos criar a un niño, así que imagínate dos. Estuvimos un tiempo barajando opciones. Al final contactamos con una pareja que no podía tener hijos, y nos ofrecieron treinta mil euros por un bebé. Y se lo dimos. Lo que no supimos es que era… especial. No lo supimos hasta que Estrella tuvo dos años. No hablaba, no reconocía nada, se hacía daño. Entiéndelo, hijo. Gracias a Estrella pudimos criarte con todas las ventajas que un niño pudiera pedir. Yo iba a verla de vez en cuando. Tía Carlota, me llamaba, ay, qué ricura—le pasa la mano su fino pelo negro—…

—Vendiste por treinta mil euros un bebé. Cojonudo, mamá, cojonudo. De verdad, cojonudo. No tengo más adjetivos.

No dejo de pensar en mi infancia, en todos los juguetes, en la tele de plasma del salón, en el armario lleno de DVD’s, en los viajes, en las reformas, todas ellas pagadas con la venta de un bebé.

—¿Y qué coño hacía en Ginecología?

—Eso…—mi madre mira al suelo y traga saliva—. A ver. Sus padres la criaron muy bien.

—¡Sus padres, dice!

—¿Quieres que te lo explique o no? A ver, eso. Sí. Sus padres la criaron muy bien, y aunque es un poco… distinta, sabe cuidarse sola. Sabe andar, dónde están las calles y todo eso. El caso es que hace un par de semanas iba paseando tranquilamente, cuando la asaltaron y la violaron.

Una mascletá de símbolos de interrogación me pasa por la cara.

—El caso es que la violaron—sigue—, y ahora mismo hemos descubierto una noticia estupenda… ¡tu hermana está embarazada!

—No sé de qué puto universo te habrás escapado, mamá, pero en el mío nada, NADA de lo que me has dicho hoy es una buena noticia. Nada. Tú estás mal de la cabeza. ¿Y ella, lo sabe? Estrella, mírame, ¿sabes que estás embarazada? ¿Sabes lo que es un embarazo? ¿Sabes lo que es un bebé? ¿Sabes lo que es la deshonestidad, la avaricia, la lujuria o un aborto? ¿Eh, rica mía, lo sabes?

—¡Jorge!

—Jorge no, mamá, vamos a ver, no sé de qué cojones va todo esto. ¿Qué te esperabas, que saber de repente que mis padres me han tenido engañado toda la vida me iba a hacer gracia?

—No te hemos tenido engañado, sólo no te hemos contado una cosa.

—Vete a tomar por culo, hombre, no me jodas.

—¿Qué pasa, que no te gusta cómo has crecido? Nunca te ha faltado de nada.

—Sí, me ha faltado mi hermana, pero como nunca me ha hecho falta no tengo derecho a quejarme. ¿Es eso lo que quieres decir? Y encima preñada vete tú a saber de quién. Estrella, ¿eres consciente de lo que te han hecho? ¿Eres consciente de algo?

Sus ojos bovinos, se me quedan mirando. Su semblante medio serio se convierte en una sonrisa y mis ojos le devuelven a Estrella una mirada que se empaña: esta vez soy yo quien hunde la cara y empieza a llorar. Estrella me sigue en el llanto y mi madre, nuestra madre nos abraza a ambos y se echa a llorar.

Joder, qué puto cuadro de familia.

—¿Dónde están sus… padrastros?—digo, en cuanto recobro la respiración.

Mi madre niega con la cabeza sobre el hombro de Estrella, que no deja de llorar. Estoy atrapado en un llanto ajeno, enroscado en un abrazo idiota del que no sé si quiero salir. Por mucho que esto no sea mi responsabilidad, en el fondo sí que lo es. Mi madre va a ser abuela. Desde luego, ahí está el fondo del asunto. Tengo que conocer a mi sobrino, y primero, a su madre, y primero, antes de todo eso, antes de empezar a conocer a distintas criaturas poseedoras o no de una consciencia que las mueva, de una consciencia que les diga qué está bien y qué está mal o un raciocinio que les convenza de una o de otra cosa, bueno, antes de todo esto primero tengo que conocerme a mí mismo.

Sopesar todos y cada uno de los momentos de mi vida en los que Estrella estaba en otros lugares y analizar bien qué era lo que estaba sucediendo en la tramoya de mi vida. De momento ya sé quién financió el proyecto de mi existencia, y por qué. Ahora sólo falta saber dónde estaría yo ahora si hubiera tenido una hermana retrasada de la que cuidar.

—Joder, mamá, tienes unos cojones como el caballo del Espartero.

—¿Qué?

—¡Cacahué! ¿A que sí, Estrella, a que sí?

Y será el tono de mi voz, o la cara de idiota que he puesto, o que le estoy haciendo cosquillas, pero Estrella se ríe, y por un momento su risa pesa más que el gilipollismo profundo de que mi madre adolece.

La Estrella Incólume – Parte II

Milky_Way

 

Viene de la La Estrella Incólume – Parte I.

 

Antes de llegar a la entrada del hospital cojo por el brazo a una enfermera y le digo que si sabe en qué habitación estaba esta chica, porque no sé interpretar la información de la muñeca, más allá del nombre y del apellido, que no es el mío.

—Sí, estaba en la 27 de Ginecología, pero ya le han dado el alta.

—¿Ginec- -?—la enfermera hace por irse, pero de nuevo le agarro del brazo— ¿No puede quedarse con ella un momento?

—¿Y su tía? Dónde está su—ah, sí, allí viene. ¡Hasta luego!

Me giro para mirar a la tía de Estrella y a quien veo bajar por el pasillo es a mi madre.

—Es esto lo que creo que es, ¿mamá? ¿Una puta engañifa? ¿Y qué es eso de que eres su tía?

—Ay… De verdad, no me esperaba que fueras a reaccionar así, hijo, porque es que no es nada malo tener una hermana… especial, además, que es un amor, ¿a que sí, Estrella?

Cojo aire. Estrella sigue abrazada a mí. Noto cómo la saliva traspasa la tela de mi jersey y me alcanza la piel.

—Comprenderás que después de veintiséis años de existencia el hecho de saber que tengo una hermana gemela de la que no he sabido nada me toca bastante los cojones. Y papa, ¿sabe algo?

—Pues claro que lo sabe.

—Cojonudo, un puto complot. ¿¡Pero tú de qué vas!?

—No lo hemos hecho contra ti, hijo, lo hicimos por ella.

—Más vale que cambies ese tono, mamá. La retrasada es ella, no yo.

—¡Jorge!

—¡Qué! Más vale que me des explicaciones o la vamos a tener muy gorda, tú y yo.

—A ver. Hijo.

[…]

Este relato terminará en la parte III.