No existe el mar

mar

Mírame como si no tuvieras esas espinas en la córnea: dulcemente; ignorando por vez primera que no soy yo más que una brizna de aire triste ni tú más que aquel ramo de ígneas flores vulcanadas. Si no me miras hoy, no existirá un mañana, porque el mar se ha parado como las manecillas del vejo e ímprobo reloj de cuerda de tu padre; y ya nada ni nadie nos espera. Hasta mi nombre azul ha perdido esta noche su sentido; y si un día sin luna trataras de llamarme… No podrías llamarme. No serías capaz de pronunciar las tres sílabas marchitas desde tus labios rojos, y entonces… No ocurriría nada. Como lo lleva haciendo desde que imaginé besarte las pupilas y me arranqué la lengua.