Voto zombie femenino

 

Voto zombie femenino_Christopher Campbell

La aprobación del voto muerto femenino fue sucedido por cientos de protestas en todas las capitales del mundo. Desde Copenhagen hasta Lima, de Seúl a Terra do Santos. El grito era unánime: Dead women can’t vote! They’re dead! Rezaba la pancarta. Salvando la tautología evidente, el malestar general era considerable.

Todo comenzó con el “Argumento del Zombie.” Desde que el filósofo John Searle promulgase que dicho argumento era improbable y ridículo, decenas de científicos de segunda categoría decidieron emprender una causa personal para demostrar que, efectivamente, podría haber y habría zombies. Para ello retomarían la antigua búsqueda de la chispa de la vida. Escogieron hembras confiando en que su organismo, a pesar de haber fallecido ya en una ocasión, lograría vivir una segunda vez.

Eva fue el nombre de la primera mujer zombie. Rubia, de piel blanca, apergaminada, con unos ojos extremadamente apagados y vítreos. El principal objetivo de los científicos, revivir a un ser humano, estaba cumplido. La segunda meta alcanzada fue dormir su deseo de devorar humanos y, posteriormente, lograron despertar en ella un espíritu propio capaz de razonar como ya hiciera en su primera vida. El único defecto es que cada cierto tiempo también revivía en ella el hambre zombie y la carne humana era su plato principal.

A pesar de ello, Eva llegó a ser una mujer querida por el pueblo, hasta deseada. Sus primeros ligues fueron un cazador sueco que terminó queriendo usarla como diana para sus balas y un cazador de Mali que, de hecho, usó al sueco como presa para alimentar a Eva (A eso se le llama enamorar por el estómago). Este primer experimento terminó fracasando cuando tanto cazador como cazadora murieron a manos del otro.

Hubo nuevos intentos con objetivos diversos: Lissa, la deportista, muerta por un derrame cerebral buceando en Isla Cocos, Costa Rica; Zuetila, mujer fértil pero frágil que se desgarró intentando procrear (primer intento de lograr este ambicioso objetivo); Morelia, la físico especializada en agujeros negros que fue enviada a uno, desapareciendo a las pocas horas de despegar en extrañas circunstancias. La nave desapareció y surgieron dos versiones acerca del hecho: por un lado, se comenta que devoró a sus compañeros de expedición y, por otro, se sugiere que pudo haber regresado en el tiempo a través del agujero negro para detener, en otra realidad, su propia “resurrección zombie.”

Muchos científicos, por el mero afán de demostrar enrevesadas teorías erótico-festivas sobre el comportamiento de las criaturas, decidieron convertirse en coballas para copular gratis y sin invitar al menos a una copa. Resultado: mordiscos, infecciones e infectados y muertes horrendas. Era repugnante. ¡Incluso llegaron a usarlas en propaganda de lencería femenina! La línea Suspender belt Z de ligueros y otras prendas. ¿Se imaginan un ejército de atractivas mujeres zombie – de cuerpo entero y rostros sin demacrar – dispuestas a seducir a clientes enajenados y comestibles? Causaba pavor.

Tras varios años, la población de mujeres zombie triplicó su número.

Volviendo a las protestas el dilema era el siguiente: la ciudadanía femenina zombie había alcanzado un 10% total del censo mundial (según estadísticas del INE, el FMI y Facebook). Estas mujeres zombie, con capacidad cerebral plena y asumiendo su papel destacado en el mundo, consideraron su propia resurrección como un acto profundamente inmisericorde, incluso machista, obra de científicos trastornados de Nebraska y California.

En Estados Unidos los científicos que aún estaban lo suficientemente cuerdos protestaron contra la creación de nuevas mujeres zombie. Se formalizaron en plataforma y lanzaron una propuesta Anti-Zombie que llegó al Congreso y fue aprobada por unanimidad. Durante la votación, el representante de un prestigioso Instituto de Tecnología que votó a favor de la vida zombie, al perder, se desgarró la bata y se lanzó en picado contra los representantes de los anti-zombies.

Las mujeres zombie se unieron para defender sus derechos. Ganaron su derecho a votar, lo que provocó un resurgir en la política del país y del mundo. Hubo innumerables marchas en ambos bandos. En las protestas en contra de su voto las pancartas rezaban Dead women can’t vote! They’re dead!, y en las marchas pro-zombie había rimas sonoras como: ¡más vale una mujer zombie que cien tíos de Abercrombie!, pero en todas las manifestaciones había algo común: salvas y proclamas cada vez más agresivos. Desde luego que hubo disturbios, gases lacrimógenos, balas de goma, perdigones y lanzallamas. Todo el mundo se volcó en esta lucha de derechos.

El frente que se abría delante de ellos era una incógnita. ¿Derrocarían a la plataforma zombie? ¿O, por el lado contrario, podría incluso llegar a haber una presidenta zombie? El futuro era un misterio pero, mientras todo esto sucedía, algo cambiaba en el ambiente. Las mujeres zombie sentían la emoción de estar en grupo y, como un lobo que huele la sangre, percibían lo fácil que sería extender el brazo y devorar aquella jugosa carne humana. La pregunta es, ¿Quién sería la primera?

Madrid, 1989. Autor del poemario inédito "VictorioSOS" y de numerosos relatos, además de un libro que se encuentra actualmente en proceso.
Graduado en Filología Inglesa por la Universidad Autónoma de Madrid, posee un Máster de Bases de Datos y Programación. Actualmente trabaja como consultor en un proyecto de Business Intelligence.
Habla de la inquietud y curiosidad de personas comunes; también de emigrantes y viajes. En sus textos desgrana el alma de las grandes ciudades mediante habitantes anónimos que adquieren protagonismo.
Creador del proyecto galgoentropico.com y miembro del Grupo Literario Galgo Entrópico.